Si hay algo que me inspira, cautiva y motiva de la vida del ornitólogo venezolano, científico, William H. Phelps es que nunca abandonó su sueño de volver a la ornitología, su primera pasión y razón por la cual vino a Venezuela en el año de 1896, al oriente del país a recolectar varias especies de aves y consigue no sólo la oportunidad de conocer a la que sería a su esposa, llegó a al país fascinante del cual no se desprendería jamás. Atrapa conocer su vida, excelentemente plasmada en el libro El Viajero de Aves publicado en el año 2006 por editorial El Nacional y escrito por el historiador venezolano José Angel Rodríguez. Para mí el libro es un vivo ejemplo de no olvidar los sueños jamás, no importando la edad o la circunstancia por la cual se esté atravesando. Phelps nunca olvida su sueño, su propósito y su pasión en la vida, las aves y por ello a uno le surge la pregunta ¿ Cómo pudo amar tanto las aves o más en comparación a uno que ha nacido aquí ? Creo que la oportunidad de viajar por todo el país, por todos los escenarios diversos de nuestra geografía como paisajes marítimos, lacustres fluviales, costas, montañas, llanos, bosques islas de difícil accesos, tepuyes le abren la oportunidad de desarrollar el oficio de la ornitología, en Venezuela con una pasión y frenesí de quién había dejado algo valioso en el camino de la vida, la vida empresarial que lo aleja de este oficio hasta 40 años después donde aún con ciertas limitaciones físicas y de conocimiento aborda de forma entusiasta. Aunque el se decía de si mismo como aficionado a las aves, desarrolló en todas sus anchas el oficio en más de 200 expediciones a partir del año 1936 cuando ya tenía 62 años de edad, expediciones que le permitieron escribir 77 trabajos científicos donde describió cerca de 240 especies y subespecies de aves nuevas para la ciencia, viajes que además le permitieron estar en contacto con todas las regiones del país, todas si excepción y tener la visión íntima en sus aves y su gente, de los venezolanos , logrando con ello construir así la colección de aves más importante de Latinoamérica y del mundo, hecho que pocos venezolanos conocen. Creo que todos queremos llevarnos lo mejor de la vida al momento de nuestro partir, pero estoy segura que Phelps se llevó a Venezuela dentro y nos la dejó en sus trabajos, sus libros de campos y en su excelente colección de aves y en el ejemplo de jamás separarse de un ideal.
Phelps logra retomar luego de 40 años de trabajo empresarial, con sus 62 años de edad a cuestas, y con ciertas dificultades físicas, armar la primera expedición al Auyantepuy acompañado de ilustres científicos para la época como Frank Chapman del American Museum of Natural History, antiguo mentor de Phelps quien acepta la invitación de venir a Venezuela de la mano de Phelps a explorar territorios remotos , donde se lograron descubrir nuevos hallazgos para la ornitología.
La parte que narra acerca de cómo fue armando la colección de las aves que es hoy día lo que se llama el museo o Colección Phelps es muy interesante, porque a muchos que somos aficionados a las aves no nos gusta o simpatiza el hecho de que por ciencia tengamos que capturar al ave y registrarlo para tener la prueba y poder tener la referencia para el estudio de muchos otros científicos. La parte de la colección tiene que ver con la fascinación adicional de imitar incluso el canto del ave para atraparlo. Hoy día los que observamos aves tenemos equipos sofisticados que usamos de forma equilibrada para engañar momentáneamente al ave y lograr que esta salga para así poder observarla en su esplendor. Phelps indicó siempre que la captura de las aves no era por maldad o placer, era para la ciencia, para su estudio y con ello instruyó a sus colectores de campo como Ramón Urbano (por cierto con fuertes inclinaciones a la poesía dentro del grupo), Fernández Yepez, Aveledo Hostos entre otros. Ramón Urbano uno (creo) de su más queridos colectores de campo le dedicó un poemario llamado - Ambitos de la emoción sencilla-con palabras no exentas de poesía -Para poder retribuir los méritos científicos al Dr. Phelps en Venezuela es necesario un testamento firmado por toda la avifauna nacional. Urbano se expresó por escrito en otra ocasión menos festiva cuando fue a visitarlo y no pudo charlar como acostumbraba con su antiguo patrón porque estaba postrado en cama. En su breve nota, el colector aseguraba que -Los hombres intelectuales, científicos y progresistas como usted, nunca se olvidan y jamás mueren. Haga fuerzas por su salud y sométase al médico. -Ricardo Muñoz Tébar también lo recuerda con cariño y respeto por la meticulosidad, la severidad e impertinencia por la excelencia, bases fundamentales del genuino saber científico que -el viejo- le inculcó desde los 13 años (este párrafo último es tomado textual del libro un viajero de aves).
El libro narra varios importantes momentos de múltiples expediciones y sus obstáculos para concretar las mismas, las logísticas para la época, la relación con los gobiernos y la incesante búsqueda de nuevos descubrimientos que hicieron del trabajo de Phelps un vida de 28 años dedicado a la aves, a su estudio, dejando en ello reflejo de una vida ejemplar, ilustre, única. Les invito a leerlo y conocer de cerca la vida científica de William H. Phelps un viajero de las aves.
Rosaelena Albornoz/Ecoturave
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